El porno en el país del sagrado corazón

El portal web para infieles Ashley Madison realizó el año pasado una encuesta a 74 mil personas de 26 países sobre sus gustos sexuales. Entre las preguntas se encontraba el consumo de pornografía, y los colombianos resultaron ser los que menos ven porno en el mundo. ¿Tendrá que ver con la falta de honestidad al responder o con el atraso del país en cuanto a la producción triple X?

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Por: P. Herrera y J. Patiño

El 38% de los hombres y el 19% de las mujeres de Colombia que participaron en la encuesta aceptaron que visitan páginas pornográficas con frecuencia. Los hombres que reportaron el mayor consumo fueron los alemanes, con un 89%; y las mujeres australianas, por su parte, registraron un 92%. Aquí surge la duda de si las cifras son reflejo de las diferencias en el consumo o las diferencias en la sinceridad.

El presidente de la Asociación Colombiana de Sexología (Asocolsex), Fernando Rosero, dice que a pesar de que los colombianos hablamos mucho de sexualidad, sigue existiendo mucha mojigatería. Es muy probable que los resultados que obtuvo Ashley Madison no sean precisos, pues mucha gente teme aceptar que ve porno, aunque se trate de un sondeo en la red.

La Iglesia Católica sigue teniendo una influencia muy importante en la vida de la población colombiana. Cosas como ver pornografía o auto estimularse no son aceptadas, y aunque muchos lo hacen, pocos lo aceptan.

Fernando Rosero explica que la gente se ve motivada a ver pornografía porque, como tiene cierto grado de ocultismo, toca el instinto animal. El instinto animal es una cosa que nos supera y nos gana, siempre está presente. Y el tema sexual termina generando curiosidad sí o sí. “En esta sociedad caemos en el atletismo sexual, es decir que queremos competir contra nosotros mismos y contra los demás; nos compararnos para tratar de ser mejores. Una forma de hacerlo es ver pornografía”.

Todo el mundo sabe que esta industria mueve enormes cantidades de dinero, que EE.UU es el país líder en producción del contenido para adultos, y también uno de los mayores consumidores. Pero ¿Qué hay de la producción colombiana?

Porno made in Colombia

Cuando se habla de porno en Colombia, siempre salen a flote los nombres Cristian Cipriani y Andrea García. Esta pareja dirige la productora 1726 y tiene una buena cantidad de páginas de internet para adultos, como santalatina.com y 7 labios.

Muy pocas personas conocen otras productoras colombianas, porque no hay muchas. Por eso aún no puede hablarse de una “industria colombiana de porno”. Esta tesis la defiende Duvan Fruto, comunicador social barranquillero que fue productor y director de cine pornográfico hace unos años.

Según él en el país sí se produce mucho cine para adultos, pero se hace principalmente bajo contratos con clientes extranjeros que lo comercializan en sus países: “Es básicamente bajo contrato; te lo piden, se entrega y ya”. Pero eso sí, deja buenos dividendos. “A pesar de que nosotros éramos una empresa pequeña, dependiente de una empresa grande, se movían unos números impresionantes… entre más material enviábamos, más ganábamos”.

Fruto trabajó para BangBros, la red de sitios web de porno más famosa del mundo, cuya versión en español se llama “Culioneros”. Para sus películas siempre le pedían cosas típicas de Colombia, que se hablara español, que se usaran expresiones locales y que las actrices cumplieran con el prototipo de mujer latina. Recuerda que “se buscaba una mujer voluptuosa, que cumpliera los requisitos de las diferentes categorías, como Big Boobs, Big Ass, etc”.

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Actores y locaciones

Debido a su experiencia, Fruto dice que no es fácil encontrar actores masculinos para estas películas. Cada vez que contrataba a un actor, tenía que entrenarlo y hacer todo un proceso de inducción que requería mucho tiempo.

En una columna en la página santalatina.com, el director y productor Cristian Cipriani expresa su inconformidad con los actores colombianos, especialmente con los hombres. Según él, es necesario traer personal desde Miami porque aquí no hay ningún actor que saque la cara por el país. Sin embargo, hay muchos hombres que están dispuestos a apostarle a este trabajo. Tony Mendoza es uno de ellos. Este joven barranquillero que participó en varias películas producidas en Colombia, llegó al porno por medio de una amiga suya que ya estaba en el negocio. Su casting consistió en una sesión de fotos. La idea era encajar en los requerimientos que las compañías envían desde Miami. Por eso posó desnudo con el pene erecto, de frente y de costado, y también le tomaron primeros planos a su rostro. El casting para mujeres es similar. Todo está en la respuesta que den los jefes desde EE.UU.

La jornada de trabajo que más recuerda Mendoza es una grabación en el Estadio Pascual Guerrero de Cali, en 2012. Pero no lo recuerda precisamente por lo que se filmó, sino por el escándalo que causó a nivel nacional. Culioneros ya había grabado ese año en una estación de bomberos en Puerto Colombia, Atlántico, y en el Castillo de San Felipe en Cartagena.

Mucha gente denunció y reclamó por el hecho de que se permitieran rodajes en instalaciones de entidades públicas y en sectores altamente turísticos, pero era tarde; las películas ya se vendían como pan caliente en EE.UU y los noticieros hablaron durante semanas de la polémica que despertaron estos videos.

No obstante, la mayoría de productoras escogen locaciones como fincas, balnearios y discotecas alquiladas, también cuartos de hotel y apartamentos. Como explica Mendoza, Colombia está muy lejos de filmar en parques o escenarios al aire libre, cosa que sí se hace en países como España.

En cuanto a las mujeres, los productores y espectadores ansían encontrar otra Esperanza Gómez u otra Isabella Obregón. Hay pocas actrices que cautiven como ellas, y que se dediquen exclusivamente a actuar, pues muchas de las actrices que han grabado porno en el país también ejercen la prostitución. Natalia Ferrari por ejemplo, es una joven que actuó en varias películas, pero ahora es prostituta independiente en Barcelona. Esta mujer maneja su negocio a través de su página web y redes sociales.

Formato

El porno colombiano suele copiar o replicar los formatos internacionales. Aún así, ha habido intentos de historias originales. “La Chiva” fue un formato muy popular de Culioneros, que se inspiró en un argumento norteamericano en el cual se recogían chicas en una van. Para la versión colombiana se rodaban películas en una chiva que recorría las carreteras de la costa.

Tony Mendoza recuerda que en esta serie estuvo expuesto a la mirada de los curiosos. “Íbamos vía Santa Marta o vía Cartagena, nos bajábamos de la chiva y hacíamos fotos desnudos. Yo iba cargando a la chica por la mitad de la calle, e iban pasando los carros, la gente en moto… mientras nos tomaban fotos y estaban grabando. Una vez, iba un tipo en una moto y casi se cae por mirar”. Él no se avergonzaba, al contrario, le divertía que esas cosas pasaran.

Pero aparte de esta recordada serie, son pocos los formatos que pueden considerarse realmente originales y exitosos.

Santalatina ofrece diversos géneros -entre ellos Big Boobs e interracial- pero se enfoca siempre en destacar a las mujeres latinas. 7 labios, por su parte, se especializa en el género amateur. Y este año, la productora 1726 lanzó el reality show “Doble Moral”, donde Andrea García y su esposo comparten su estilo de vida en el negocio del contenido Triple X con los suscriptores.

En cuanto a la satisfacción femenina con el porno colombiano, hay que decir que es muy baja. Esto se explica porque la tradición machista del país, que aún no termina, también se refleja en este tema. Cuando Duvan Fruto trabajaba con Culioneros, todo se centraba en las actrices “la modelo todo el tiempo era la que se veía. La dirección desde EE.UU. era que entre menos se viera el actor masculino, mejor (…) Básicamente mis correos decían textualmente: es como una tabla, es como una mesa; está ahí, pero no queremos que se vea más de lo que se necesita ver”.

En todo el mundo se está buscando la manera de ofrecer porno para mujeres. Muchas páginas ya lo hacen (Pornhub es un ejemplo), pero como en muchos otros aspectos, Colombia se está quedando rezagada frente a otros países.

¿Qué viene para el triple X nacional?

Si bien es cierto que el dúo dinámico de García y Cipriani está aportando nuevas ideas al negocio para adultos en el país, la gente sigue consumiendo casi exclusivamente porno extranjero.

Directores y productores se quejan de la escasez de nuevos rostros y cuerpos para atrapar a los espectadores. 1726 ofrece capacitación para quienes quieren incursionar en este gremio, pero mientras surge un catálogo amplio, se siguen trayendo actores foráneos. Adicionalmente, el público femenino pide a gritos propuestas que respondan a su gusto. Y el espacio está abierto para quienes quieran ofrecer a las mujeres lo que piden.

La dirección de arte es una de las más grandes debilidades de la producción colombiana. La calidad de los guiones, la dirección de arte y las locaciones tampoco es la mejor. Por eso es necesario perfeccionar lo que ya hay, e innovar para que el mercado interno tenga chance de crecer. Si no, el porno colombiano siempre seguirá pareciendo y siendo de bajo presupuesto.

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