Qué significa la palabra paz

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El domingo 2 de octubre es la fecha prevista para realizar un plebiscito que confirme o niegue la posibilidad de la paz en el país, después de innumerables guerras que han dejado cientos de miles de víctimas. La última de esas guerras, que lleva más de medio siglo, suma unas 200 mil personas muertas y algo así como cuatro millones de desplazadas (el 10% de la población).

No hay cifras exactas, y mientras las organizaciones no gubernamentales defensoras de derechos humanos reportan cifras superiores, los sucesivos gobiernos las minimizan. Un solo muerto, un solo desplazado, una sola mujer violada, un solo niño armado de fusil, un solo herido serían demasiados.

Pero hay hechos concretos y hay, también, símbolos. Uno de ellos es la elocuente imagen que circula en las redes sociales: un hombre camina sobre prótesis, pues ha perdido sus dos piernas en la guerra. Recuesta en su hombro izquierdo no un fusil sino el asta de una bandera de Colombia, sobre cuyas franjas amarilla, azul y roja fue escrita una palabra en letras blancas: “SÍ”. La foto fue tomada el día que el presidente Juan Manuel Santos anunció que se llegó a un acuerdo con las FARC para ponerle fin al conflicto con esa guerrilla, creada en Marquetalia, Caldas, una zona donde se concentraron campesinos que estaban siendo acosados por los grupos de ultraderecha que habían asesinado a excomandantes guerrilleros liberales como Guadalupe Salcedo y José Alvear Restrepo.

Hoy, más de medio siglo después de haber iniciado su accionar bajo el mando de Manuel Marulanda Vélez, las FARC acaban de acordar el silenciamiento de los fusiles. Algo para celebrar, sin duda, pues es un paso a la paz. Pero ¿Qué es paz?

Podemos dar tres definiciones: la primera es la derrota y posterior humillación del enemigo. El caso más patético es el Pacto de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919 por más de 50 países, que impusieron condiciones humillantes a la Alemania derrotada militarmente, como que debía aceptar la responsabilidad de la Primera Guerra Mundial, hacer concesiones territoriales y pagar indemnizaciones a los ejércitos victoriosos. En los años treinta, Adolfo Hitler alegó que su país se encontraba en la ruina, clamó por el incumplimiento del pacto y con un absurdo revanchismo impulsó el más espantoso conflicto bélico de la historia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial.

En Colombia son muchos los que piensan que la paz es humillar a la guerrilla, pese a que ni ellos mismos pudieron derrotarla durante más de medio siglo. Aunque para derrotarla fueran necesarios otros miles de muertos, de aquí a quién sabe cuántos años más.

Una segunda definición de paz es la del fin del conflicto armado, el silenciamiento de los fusiles, la desmovilización de las estructuras militares de quienes se alzaron en armas. Es la definición que entiende el gobierno, que pretende despejar los campos para impulsar sus planes de explotación de los recursos naturales, como con desfachatez lo anunciara el presidente de Ecopetrol, quien dijo que las multinacionales debían esperar un poquito más para iniciar sus actividades exploratorias y de usufructo de lo que, de suyo, nos pertenece a todos los colombianos.

Una tercera definición de paz es justicia social. Todos hablan de justicia social. Los que quieren la humillación de las FARC, le quitan el social pero le dejan lo que consideran castigo (para los otros pero no para sus aliados). El gobierno dice que la justicia social es su razón de ser y que con la finalización de la guerra se podrán destinar recursos económicos y logísticos para adelantar planes de desarrollo que beneficien a todos, con educación, salud, vivienda, infraestructura vial; en otras palabras, equidad y justicia social. Y la guerrilla habla de justicia social como la razón de ser de su existencia, aunque en los cincuenta y pico de años de accionar haya desviado su camino y se haya dedicado a actividades non sanctas, como el narcotráfico y la realización de acciones terroristas que dejaron a los civiles como las principales víctimas. Pero hablan de justicia social. Y con su reincorporación a la vida civil es posible que decidan asumir un accionar político legal que propenda a la justicia social.

¿Cuál es la definición de justicia social que tenemos los civiles? Adelantar obras sociales, de infraestructura, de educación, de salud, de justicia, de igualdad, de no exclusión, de no criminalización de la protesta social, de respeto a los derechos humanos, de erradicación de la corrupción, de humanización, de igualdad, de legalidad, de fraternidad. De acatar la Constitución Política Nacional de 1991, supuestamente dictada para ángeles, pero que ya es hora de aterrizar, de volverla más humana.

Ayer a las cero horas se hizo efectivo el cese al fuego definitivo entre las FARC y las Fuerzas Armadas constitucionales. Algo que nos alegra sobremanera, así un oscuro senador anuncie que si triunfa el SÍ y si su grupo gana las elecciones dentro de dos años, echarán atrás el pacto de paz. Ese oscuro senador no ha dado su definición de paz, pero uno supone que se trata de la primera aquí mencionada. Otros más suspicaces que yo seguramente dirán que es de los que se benefician con la guerra. Vaya uno a saber.

Yo les apuesto a las definiciones segunda y tercera. Al silenciamiento definitivo de los fusiles y a la justicia social. Porque la que está herida no es la palabra paz, sino la palabra guerra. Y eso me alegra muchísimo. Palabra que sí.

Por: Javier Correa Correa

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