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Fiesta

UNA MENTIRA QUE NO SE OLVIDA

Por: Daniela Rondón

Viernes 12 de septiembre, como era de costumbre, Luis, inició su rutina diaria, se preparó, alistó su maleta, emboló sus zapatos negros y luego de desayunar salió de su casa rumbo al colegio. El sol alumbraba y la brisa fresca de la mañana rozaba su cabellera, junto al canto de los pájaros que lo acompañaban durante el recorrido.

El día transcurrió con normalidad, Luis y sus amigos esperaban con ansias la hora de salida, pues entre sus planes estaba asistir a una gran fiesta que se llevaría a cabo en horas de la noche, por la celebración que se daría a días de culminar el período académico.

Al llegar a su casa, su madre le preparó un rico almuerzo, sobre el comedor estaba servido un plato lleno de frijoles calientes, el vapor se veía salir y al lado un vaso lleno de limonada, justo para el día caluroso que hacía. Luis se sentó al lado de su madre, tenía un delantal verde limón y mientras comían, aprovechó para contarle sobre la fiesta.

“Le dije a mi madre que la fiesta sería en la noche, estaba muy emocionado por ir, mis manos estaban sudando y mi pie no dejaba de moverse. Ella me miró, hubo unos segundos de silencio y finalmente me respondió, que no iría”Cuenta Luis de la conversación previa que tuvo con su madre antes de salir de su casa.

 
 
una mentira que no se olvida

Eran las 7:00, el sol ya estaba oculto y una pequeña neblina acompañó la llegada de la noche. Se acercaba la hora de la fiesta, Luis se preparó, vistió un jean negro con algunos rotos, una camisa blanca con negro a cuadros y unos tenis grises que le había regalado su padre unos meses antes por su cumpleaños.

Se encontraba nervioso, dio unos pasos hacia la habitación de su madre, diciéndole que saldría y que en un momento volvería, ella recostada en su cama con una cobija azul que cubría la mitad de su cuerpo, frunció su ceño y molesta le respondió “no tienes el permiso para ir a esa fiesta”.

Pese a esto, Luis tomó su chaqueta y sin importar cómo, en cuestión de minutos logró llegar al lugar dónde se llevaría a cabo el evento, era un salón grande, con sillas blancas por todo su alrededor, en la entrada recibió una pulsera color azul neón, encontrándose con todos sus amigos a punto de iniciar una noche que jamás podría olvidar.

Durante el transcurso de la madrugada y a punto de finalizar la fiesta, llegaron al lugar tres chicos altos y un poco mayores a la edad de los que participaban en el evento. Vestían de negro y por su actitud se podía asumir que se encontraban en estado de alicoramiento, Luis y sus amigos se percataron de la situación y se alertaron.

 

una mentira que no se olvida

La noche se tornó peligrosa e inició una pelea, botellas y sillas eran aventadas, gritos y llantos se escuchaban por todo el lugar, la música se detuvo y en unos minutos Luis no recordó nada, frente a sus ojos solo podía recordar las paredes y el piso a su alrededor salpicados de sangre y la angustia lo invadió por completo.

La parte izquierda de su rostro estaba desprendida por completo, había recibido una cortada profunda con una de las botellas que habían sido lanzadas esa noche, su camisa a cuadros estaba completamente roja y el desespero de sus amigos hacía que todo fuera incontrolable.

Se acercaba la madrugada, el teléfono de la madre de Luis tenía notificaciones de varios números desconocidos, sin imaginar que lo peor estaba por llegar. “Mi corazón latía a mil por segundo, recibí la llamada y me informaron lo que había pasado, casi me muero, salí de inmediato para la clínica, no lo podía creer” , son las palabras de la madre.

Luis ingresó de inmediato a sala de cirugía, la gravedad de las heridas no permitió que diera espera a la llegada de su madre, el parte del médico que estaba a punto de terminar su turno fue alentador.

En total fueron 15 puntos internos, la cara de Luis estaba inflamada su rostro era irreconocible, su madre en llanto lo abrazó , no le hizo ningún reclamo, pero supo que su actuar no fue el mejor y que nunca debió asistir a esa fiesta, como bien le advirtió su madre.

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