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Duvan Ernesto, podía ser cualquiera

Duvan Ernesto voluntariamente quiso compartir su historia conmigo: “Estaba decepcionado de mi institución y cansado de la corrupción”.  

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Duvan Ernesto Barato Pachón podía ser cualquiera, quizás si algún día me lo encontraba en la calle podría seguir derecho sin notarlo. Detrás de él hay una gran historia, una llena de humanidad, no solo esa que relacionamos con bondad sino también con la que solemos dar pasos que no tienen vuelta atrás

Era el año 1998, los escándalos de corrupción y narcotráfico invadían cada rincón del país gracias al famoso escándalo del proceso 8.000, la Policía Nacional no podía quedarse atrás. 

Era justo por la época en la que Ernesto estaba muy orgullo de ofrecer sus servicios a la patria defendiendo desde la fuerza pública todo aquello que amaba.

La violencia de esos años hacía más fuertes los miedos, la incertidumbre y las dudas. “Nos dijeron que el único problema de Colombia eran las FARC y había que acabar con ellas, todos estábamos convencidos de eso y es que para mí todo cambió el día que las FARC no llegaron”.

Cómo olvidar al entonces presidente Pastrana sentado en unas negociaciones sin contraparte. Hecho que finalmente le dio lugar al declive y posterior fracaso de los diálogos del Caguán. “La guerra cada vez se ponía peor, más compañeros secuestrados y muertos sin que pudiéramos hacer nada porque las FARC estaban más fuertes que nunca”.

En medio de ese fracaso, las noticias solo tenían titulares de los paramilitares logrando abatir guerrilleros. Dice Ernesto: “Esos titulares me quedaban ahí y luego de mucho pensarlo tomé la decisión”. Finalmente, en el año 2002, Ernesto dejaba atrás a su familia y abandonaba todo lo que conocía por una fuerte convicción de acabar, como fuera, con la guerrilla

Todas sus fuerzas y convicciones llegaron voluntariamente al grupo armado denominado “Autodefensas campesinas de Meta y Vichada” o conocido también como “Los Carranceros” porque prestaban sus servicios al famoso zar de las esmeraldas, Víctor Carranza. 

Ernesto convencido de “hacer país” se encuentra con otros  como él, ex – policías y ex – militares. Dice él, que más se demoró en entrar, que en enfrentarse a los conflictos y a sus principios. Al ver menores de edad, muchos de ellos reclutados y otros con las razones equivocadas, estaban allí de forma voluntaria.

Solo pudo pensar que el grupo armado que atacaba era igual al grupo al que pertenecía, la guerra nunca distingue de civiles o enemigos, a la hora de obtener recursos todos entraban en la misma categoría. “Me volvían las dudas, pero ya no eran solo dudas también era remordimiento y culpa porque ahora ya no podría volver atrás”.

Estando en esas filas y por sus conocimientos del municipio, Ernesto pertenecía a la guardia urbana en Puerto Carreño. Siempre quiso  sentirse útil y servir a quienes más lo necesitaban aun en los bandos equivocados. Finalmente, su vocación de servicio pudo más que la guerra y escapó luego de ver a un amigo morir fusilado por equivocarse.

Ernesto pudo vincularse a un programa de reincorporación. Aquí también libraría una batalla, aunque parece menor, puede resultar casi tan dura como la del monte. Afirma que “me desmovilice buscando una oportunidad de mejorar mi vida, pero entré a una sociedad que señala, estigmatiza, rechaza y aísla”.

 

DUVAN

Con ayuda de la ARN (Agencia para la reincorporación y la normalización) se matriculó como estudiante de psicología en la universidad Konrad Lorenz.

Le han dicho que es muchas cosas: el paraco, el carrancero, el delincuente, el reinsertado, pero él solo es Duvan Ernesto Barato Pachón, el hombre de las ideas claras y los sueños grandes. “Es bueno que ya no te tilden como el reinsertado sino como el psicólogo, se siente muy bien”.