Las imágenes audiovisuales no surgen por casualidad, ya que detrás de cada plano existe una serie de decisiones creativas y técnicas que determina qué se muestra, qué permanece fuera del encuadre y cómo se construye una historia. La posición de la cámara, la intensidad de la luz, el color y la composición conforman un lenguaje visual capaz de transmitir emociones, orientar la percepción y dar sentido a una producción. Sin embargo, durante gran parte de la historia del cine y de la industria audiovisual, los espacios encargados de tomar estas decisiones estuvieron ocupados principalmente por hombres.
Por: Sara Juliana Rivera Cely
La participación de las mujeres en la industria audiovisual
Cuando se habla de desigualdad de género en la industria audiovisual, la discusión suele centrarse en la representación de las mujeres frente a las cámaras. A partir de allí surgen análisis sobre la cantidad de personajes femeninos que aparecen en las películas, el tipo de historias que protagonizan y la manera en que sus roles reproducen o cuestionan los estereotipos tradicionales. No obstante, esta discusión no se limita a lo que el público observa en pantalla, pues también es necesario analizar quiénes participan en la creación de esas imágenes y qué espacios ocupan dentro de los equipos de producción.

En Colombia, las mujeres continúan enfrentando una marcada desigualdad en el sector audiovisual. De acuerdo con cifras recopiladas en el año 2025 por el ICETEX, representan el 28% de las personas profesionales vinculadas a esta industria y su participación se concentra principalmente en áreas relacionadas con la planificación y la estética, como la producción y la dirección de arte. La presencia femenina en cargos de liderazgo es aún menor, pues solo el 13% de las obras son dirigidas por mujeres y el 17% cuenta con guionistas del mismo género en cuestión. Además, su trabajo se concentra mayoritariamente en el documental, con una participación del 56%, mientras que su presencia en la ficción es menor y en la animación continúa siendo limitada.
Ante este panorama surge una pregunta igual de importante: ¿quiénes participan en la construcción de las imágenes que llegan a las pantallas?
¿Qué es la dirección de fotografía?
La respuesta no depende únicamente de quienes escriben un guion o dirigen una producción, pues detrás de una película, una serie, un documental o una pieza publicitaria existe un amplio equipo de profesionales que interviene en la manera en que una historia llega a la pantalla. Entre ellos se encuentra la dirección de fotografía, definida por el Instituto Europeo de Diseño como la disciplina encargada de traducir la visión del director en imágenes mediante el uso de la luz, las sombras y la composición, contribuyendo a construir la estética y la narrativa visual de una producción.

La dirección de fotografía suele relacionarse con el manejo técnico de cámaras y equipos de iluminación, pero su aporte también consiste en interpretar las necesidades de una historia y convertirlas en una propuesta visual coherente. Para lograrlo, la directora o director de fotografía trabaja de manera articulada con otras áreas creativas y técnicas, buscando que los escenarios, el vestuario, la iluminación y los movimientos de cámara respondan a una misma intención narrativa.
De esta manera, la fotografía no se limita a registrar lo que ocurre frente a la cámara. También contribuye a construir el ritmo, la atmósfera y el tono de una producción, orientando la relación emocional que el público establece con los personajes y los acontecimientos. Así, cada decisión visual se convierte en parte del lenguaje con el que una historia comunica y adquiere identidad.
Las mujeres pioneras del cine colombiano
La participación de las mujeres en la historia del cine no es reciente. Desde los primeros años del medio, numerosas creadoras se desempeñaron como directoras, guionistas, productoras, editoras y responsables de distintos procesos técnicos. Sin embargo, muchos de sus aportes fueron invisibilizados durante décadas o quedaron relegados de los relatos tradicionales sobre el desarrollo de la industria audiovisual.

Esta ausencia también ha comenzado a ser revisada a través de investigaciones y proyectos dedicados a recuperar la memoria de las mujeres en el cine. Un ejemplo es el libro Con su mirada: cuatro mujeres pioneras del cine en Colombia, de Tatiana Duplat, una obra que reúne y recupera materiales relacionados con los trabajos de mujeres cuya participación fue fundamental durante la primera mitad del siglo XX. La investigación permite acercarse a las trayectorias de Kathleen Romoli, pionera del cine documental en Colombia; Felisa Ochoa, fundadora de la productora Colombia National Films, una de las más prolíficas del cine colombiano de la época; Inés Rendón, protagonista de Nido de cóndores (1926), película considerada actualmente como perdida; y Lily Álvarez, cofundadora de la productora Patria Films.
Aunque la información disponible sobre sus trayectorias continúa siendo limitada y evidencia una marcada diferencia frente a la documentación existente sobre los hombres vinculados al cine, la recuperación de estas historias permite reconocer que las mujeres también participaron activamente en la construcción de la industria audiovisual colombiana desde sus inicios.
La brecha de género detrás de cámara
Esto mismo permite cuestionar la idea de que las mujeres fueron ajenas al desarrollo del cine y de la industria audiovisual, ya que reconocer sus aportes históricos no significa que las desigualdades hayan desaparecido. Aunque la participación femenina ha aumentado en diferentes áreas, su presencia continúa siendo limitada en varios cargos técnicos, creativos y de liderazgo, especialmente en aquellos relacionados con la dirección, la cámara y la toma de decisiones dentro de una producción.
Un ejemplo de ello es un estudio publicado en 2025 por la Iniciativa de Inclusión Annenberg de la Universidad del Sur de California, en el que se analizaron las 100 películas más taquilleras de 2024, encontrando que las mujeres representaron el 21,7 % de las personas encargadas de la dirección, el 12,9 % de quienes escribieron los guiones, el 27 % de las personas productoras y el 8,4 % de quienes compusieron la música. El informe también señaló que la participación femenina detrás de cámara mostró pocos avances entre 2023 y 2024, lo que evidencia un estancamiento en varias áreas de la industria.

Aunque estas cifras no corresponden exclusivamente a la dirección de fotografía, permiten observar una tendencia más amplia que asegura que la presencia de mujeres disminuye en varios de los cargos con mayor capacidad de decisión creativa y técnica.
La dirección de fotografía ha sido históricamente una de las áreas con menor representación femenina. Durante años, el trabajo con cámaras, equipos de iluminación y herramientas técnicas fue asociado con habilidades consideradas masculinas. Esta percepción no solo limitó el acceso de las mujeres a determinados cargos, sino que también influyó en la falta de referentes visibles para las nuevas generaciones.
Un ejemplo de esta desigualdad se hizo evidente en 2018, cuando Rachel Morrison se convirtió en la primera mujer nominada al Premio Óscar en la categoría de Mejor Fotografía por su trabajo en Mudbound. El reconocimiento fue histórico porque la categoría había existido durante décadas sin que una mujer hubiera sido nominada.
El hecho de que este logro ocurriera más de nueve décadas después de la primera ceremonia de los Premios Óscar demuestra que la presencia de mujeres en la dirección de fotografía no depende únicamente del talento individual. También está relacionada con el acceso a oportunidades, la posibilidad de construir redes profesionales y la apertura de espacios dentro de una industria que durante mucho tiempo mantuvo estructuras de contratación poco diversas.
¿Qué cambia cuando hay más mujeres detrás de cámara?

Hablar de una mayor participación de mujeres en el campo no implica afirmar que todas observan, crean o narran de la misma manera. No existe una única “mirada femenina”, así como tampoco una única forma masculina de construir imágenes, pues las experiencias están atravesadas por factores como la cultura, el territorio, la edad, la formación y las trayectorias personales y profesionales. Por ello, una mayor presencia de mujeres detrás de cámara no garantiza automáticamente una representación diferente en pantalla.
No obstante, ampliar la diversidad de quienes participan en las decisiones creativas permite incorporar nuevas experiencias, referencias y preguntas dentro de los procesos de producción. La participación de equipos con perspectivas distintas puede contribuir a cuestionar estereotipos, explorar otras formas de representar las realidades y construir relatos que dialoguen con públicos más diversos. En este sentido, la discusión no se limita a quién sostiene una cámara, sino que también incluye quién accede a la formación técnica, lidera equipos, recibe financiación y tiene la posibilidad de construir una trayectoria profesional sostenible dentro de la industria.
En una sociedad atravesada por las pantallas, las imágenes se han convertido en uno de los principales lenguajes de la comunicación contemporánea. Las producciones audiovisuales no solo entretienen, sino que también transmiten valores, construyen referentes y participan en la manera en que las personas comprenden el mundo. Por esta razón, las decisiones que se toman detrás de cámara tienen un impacto que supera la dimensión estética, ya sea la forma de iluminar un rostro, la distancia desde la que se registra un cuerpo o el lugar que ocupa un personaje dentro del encuadre pueden influir en la percepción y la interpretación del público.
Más miradas, nuevas formas de contar
La fotografía audiovisual también desempeña un papel fundamental en la publicidad y la comunicación estratégica. Las marcas utilizan recursos como el color, la iluminación, la composición y el movimiento para construir identidades, generar emociones y establecer vínculos con sus audiencias. Cada elemento visual responde a una intención y contribuye a orientar la manera en que un mensaje es recibido. En este contexto, promover una mayor participación de mujeres en los equipos técnicos no debe entenderse únicamente como una cuestión de representación laboral, sino también como una oportunidad para ampliar las perspectivas desde las que se crean y comunican los contenidos que circulan en la sociedad.

La discusión, entonces, no consiste en determinar si las mujeres poseen una forma única de mirar. Más bien, invita a reconocer que las imágenes son construcciones culturales y que una industria más diversa puede ampliar las posibilidades de contar, representar y comunicar. Abrir espacios no significa únicamente aumentar las cifras de participación; también implica reconocer trayectorias que permanecieron ocultas, fortalecer las oportunidades de formación y permitir que nuevas generaciones encuentren referentes en lugares donde antes era difícil imaginarse.
Este artículo hace parte del proyecto multimedia ADN Creativo, una iniciativa periodística de Concéntrika Medios que explora cómo la creatividad se manifiesta en distintas disciplinas y cómo estas se relacionan con la comunicación contemporánea. Quienes deseen profundizar en esta reflexión pueden encontrar el capítulo ¿Qué significa ser mujer detrás de la cámara? en el canal de YouTube de Concéntrika Medios. Allí, la directora de fotografía Andrea Murillo comparte su experiencia profesional, los aprendizajes construidos durante más de una década de trayectoria y los retos de abrirse camino como mujer dentro de la industria audiovisual. De esta manera, la propuesta trasciende el formato escrito para integrar contexto histórico, análisis periodístico y experiencias profesionales, demostrando que las transformaciones de la industria también se construyen desde el trabajo cotidiano, la formación y la creación colectiva.



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