Por: Jorge Andrés Pedroza Camacho – jpedrozac1@ucentral.edu.co
Un Problema Silencioso en las Aulas
La ludopatía en estudiantes universitarios es una problemática de la que sólo se habla en los grupos sociales de los jóvenes que la padecen, a lo que se suma que un panorama común cerca de las zonas universitarias de Bogotá es encontrar estos lugares destinados para el ocio y el azar, en donde muchos estudiantes son impulsados a apostar por factores tales como el estrés académico o la ansiedad social.
Según Coljuegos, entidad encargada de explotar y administrar los juegos de azar, Colombia cuenta con 3.750 establecimientos autorizados para ejercer dicha actividad, lo que representa que esta industria sea una de las más importantes para el país, debido a que mensualmente genera aportes económicos a distintos sectores; en el mes de Julio se aportaron 193.832 millones al área de la salud, dinero que proviene del porcentaje requerido por el Estado al otorgar los derechos de la explotación de las apuestas en el territorio.
Una parte importante de este aporte sale del bolsillo de los estudiantes universitarios que semana a semana pierden algo más que su dinero, pues junto con la pérdida monetaria también se van su tiempo y su salud mental. Esta problemática cada día va tomando más fuerza y la poca visibilidad que se le da por parte de los centros educativos es un punto crucial para que el número de personas víctimas de esta enfermedad siga en crecimiento.

Una adicción poderosa
La ludopatía es un trastorno del control de impulsos reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud y se caracteriza por la incapacidad persistente de resistir el impulso de apostar, generando un patrón de conducta destructivo que interfiere significativamente con el funcionamiento personal, social y académico del individuo.
Este trastorno se distingue del juego recreativo por la pérdida total de control sobre la conducta de apostar. Los afectados experimentan una necesidad compulsiva de jugar cantidades crecientes de dinero y muestran inquietud extrema cuando intentan reducir o abandonar esta actividad, utilizando frecuentemente el juego como mecanismo de escape ante problemas emocionales.
Precisamente, situaciones como el mal desarrollo en el ámbito social, los malos resultados en los espacios académicos o la búsqueda de dinero fácil en una etapa, en la que normalmente no se puede acceder a un trabajo estable por falta de tiempo, son algunos de los factores de riesgo que pueden desencadenar una adicción en los universitarios.
Problema a la mano
Un estudio realizado por investigadores del Instituto Qualcomm y la Facultad de Medicina de la Universidad de San Diego en California, reveló que los índices de adicción a las apuestas deportivas aumentaron desde la llegada de los casinos virtuales y su legalización en todo el mundo.
Este tipo de plataformas tiene un modus operandi muy efectivo, ya que además de dar todas las facilidades a la hora de ingresar dinero, también tiene una relación constante con el consumidor por medio de promociones al momento de hacer un depósito, duplicando las posibles ganancias en caso de acertar el resultado de una apuesta y la relación estrecha que se crea entre las casas de apuestas y los grupos deportivos a nivel mundial.
En gran parte del mundo los deportes más relevantes se encuentran bajo la custodia de distintas casas de apuestas, un ejemplo claro es la liga local del fútbol colombiano, que en el año 2020 pasó a manos de BetPlay, reconocida plataforma de apuestas que se encargó de llenar de publicidad cada partido con el fin de que más personas vieran esto como un ingreso económico fácil.

Según un estudio realizado por la agencia de investigación de mercados Brandstrat y publicado por el periodico digital La República, se demostró que el 56% de los jóvenes entre 18 y 30 años establecen el fútbol como deporte preferido para realizar apuestas, dicho rango de edad también se encuentra entre el promedio de estudiantes universitarios en el país, lo que nos plantea un panorama de alerta en el que se pueden naturalizar estas prácticas desde la relación con los ambientes deportivos, lo que podría ser un terreno fértil para potenciales ludópatas.
Una lucha diaria
Un estudiante Universitario que padece de ludopatía nos concedió una entrevista desde el anonimato en la que definió esta condición como “una ansiedad constante por ganar”,
la misma sensación que lo ha llevado a invertir gran parte de sus ingresos en estos lugares; también reconoce que el uso de aplicaciones para realizar apuestas deportivas es una de las cosas que le ayuda a apaciguar su impulso, pero que más allá del factor económico, su tranquilidad y estabilidad emocional representan el verdadero precio a pagar por involucrarse en este mundo.
Uno de los factores que destaca, es la facilidad con la que se puede acceder a estos establecimientos y plataformas, desde su experiencia personal nos confiesa que en reiteradas ocasiones ha firmado su autoexclusión, pero esto es casi que inservible debido pues no se hace ningún tipo de validación a la hora de reingresar a jugar, lo único en lo que interviene es la hora de retirar el dinero ganado.
Cuando el Juego Destroza el Futuro Académico
La ludopatía se infiltra en cada aspecto de la vida estudiantil hasta convertirse en el epicentro de una espiral destructiva que experimentan los estudiantes al sufrir un desgaste mental constante y mientras intentan concentrarse en una clase o redactar un ensayo, su mente está ocupada calculando probabilidades, planificando la siguiente apuesta o pendiente de los resultados que se están dando en los distintos eventos deportivos. Esta división de atención afecta directamente en promedios que descienden semestre tras semestre, trabajos entregados tarde y una participación cada vez más escasa en actividades académicas.
Los estudiantes ven cómo el dinero destinado para gastos relacionados con la universidad o su vida diaria se desvía hacia las apuestas, llegando incluso a utilizar fondos de matrícula con la esperanza de “recuperar todo y salir ganando”. Todas estas situaciones puntuales y el mal manejo del tiempo a la hora de dedicarse a apostar permiten deducir que los horarios académicos quedan relegados frente a los establecimientos que operan las 24 horas.
En los casos más graves, la ludopatía conduce a la deserción universitaria, dado que los estudiantes, abrumados por deudas, bajo rendimiento y presión familiar, abandonan sus estudios temporalmente con la intención de “resolver primero el problema”, pero muy pocos logran regresar. La deserción por ludopatía es particularmente cruel porque representa no solo la pérdida de una oportunidad educativa, sino el desperdicio del potencial de estudiantes brillantes que ven cómo una adicción los aleja definitivamente de sus metas profesionales.

Un paso al costado
Las universidades tienen una responsabilidad fundamental en la prevención de la ludopatía mediante la implementación de programas de sensibilización, servicios de bienestar universitario con protocolos específicos para detectar señales de alarma, y espacios de consulta confidencial son herramientas esenciales para intervenir antes de que la adicción alcance niveles críticos. Los estudiantes que reconocen estar en riesgo pueden implementar estrategias de autoprotección como la autoexclusión voluntaria en plataformas, el control financiero a través de cuentas con restricciones, y la eliminación de aplicaciones de apuestas de sus dispositivos móviles.
En Colombia existen recursos disponibles que muchos estudiantes desconocen como lo son: la Organización de Jugadores Anónimos Colombia que ofrece grupos de apoyo gratuitos, mientras que la terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser especialmente efectiva en el tratamiento de esta adicción. Muchas Universidades cuentan con servicios de psicología gratuitos o de bajo costo, y algunos planes de salud incluyen cobertura para tratamiento de adicciones, a lo que se suma, de manera fundamental, el apoyo de familia y amigos evitando juzgar y acompañando desde la comprensión, reconociendo que la ludopatía es una enfermedad y no una falta de carácter.
La recuperación ha sido posible para miles de personas que pudieron superar esta adicción, retomar sus estudios y alcanzar sus metas profesionales. Para los estudiantes atrapados en este ciclo destructivo, el mensaje es claro: no están solos, la ayuda existe, y su futuro vale más que cualquier apuesta.


