¿Cómo se sostienen las ladrilleras en la actualidad?

Francisco González, dueño de una ladrillera informal en La Ruidosa, Cundinamarca, expreso que “sale mejor explotar y vender la arcilla a las grandes industrias que elaborar el ladrillo por mi cuenta”.

Por Samantha Pinzón Castillo

spinzonc2@ucentral.edu.co

Imagen de Samantha Pinzón Castillo

La evolución tecnológica también está presente en la industria de construcción y mercado inmobiliario, ya que se buscan alternativas sostenibles, económicas y eficientes, como el proceso de elaboración de bloques. No obstante, aún se observa una gran demanda en la adquisición del ladrillo, pues sigue siendo la opción que abunda en sus alrededores y forma parte de la tradición.

Las ladrilleras artesanales, también conocidas como chircales, fueron un fenómeno significativo en las dimensiones sociales, económicas y culturales propias de la elaboración de ladrillo. Siendo estas fábricas el suministro que atiende a la demanda de la expansión urbana y las viviendas para migrantes, quienes poco a poco, han construido la periferia de la ciudad; sin embargo, siempre ha estado involucrado en el desarrollo de desigualdades sociales y la explotación laboral, tal como la muestra la película Los Chircales (1966-1971), dirigida por Marta Rodríguez y José Silva,  relatando la historia de la familia Castañeda en el auge del ladrillo.

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A pesar de que alrededor del 2004 se prohíben los chircales en la ciudad debido a contaminación, en la actualidad, todas las construcciones del distrito capital están construidas con ladrillo procedente de Cundinamarca y Boyacá, lugares donde cambió el término a ladrilleras artesanales y se conservan los tratos indignos hacia los trabajadores en algunas empresas.

De acuerdo con estadísticas dadas en 2019 por la Corporación Ambiental Empresarial, el 25% de las toneladas de ladrillos en Colombia es producido por la gran industria en tan solo el 3% de hornos, mientras que el 75% restante se produce en el 97% de hornos, lo que corrobora la alta informalidad. Además, según la Cámara de Comercio de Bogotá, en Colombia el 77% de las ladrilleras son artesanales, es decir, usan tecnologías obsoletas y poco eficientes en el uso de combustibles, y solo aportan un 37% de la producción nacional.

Lo anterior fue evidenciado en la ladrillera: se encontraba una gran cantidad de arcilla pendiente para hornear y producto alineado a la espera de un posible cliente. Según lo manifestado por el dueño, esto se debe al precio elevado del carbón que, a pesar de su costo de US$390 a inicios de año y, actualmente ha reducido su precio a la mitad, sigue siendo alto para una tonelada. Por otro lado, también manifestó las prácticas de comercialización realizadas en ladrilleras de sus alrededores, como son las rebajas de precios, las cuales causan que las ventas no cubren ni siquiera parte del costo del material.

 A estas problemáticas, se le suman el estancamiento de producción del mercado en época de pandemia y la contaminación que este genera, por tanto, al verse afectada la compra de vivienda no hubo flujo de materiales de construcción y, actualmente, se busca la disminución de emisión de gases de efecto invernadero en la atmosfera, siendo consideradas las ladrilleras una de las principales de la problemática por la liberación de monóxido de carbono, dióxido e hidrocarburos.

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La solución que ha visto viable son los trámites ambientales para la actividad minera, los cuales permiten a cualquier persona natural o jurídica, pública o privada pueda aprovechar los recursos naturales renovables para el desarrollo de proyectos. Dentro de esos trámites se encuentra la Licencia Ambiental, permiso de prospección y explotación de aguas subterráneas, Concesión de Aguas subterráneas, Permiso de Emisiones Atmosféricas, Permiso de Ocupación de Cauces, entre otras que menciona la Agencia Nacional de Minería junto a los requisitos de cada una de las categorías y organizaciones.

Así como Francisco, existes varios casos desconocidos que buscan unirse al cambio por medio de otras alternativas, ya sea dada por la Norma Técnica Colombiana, Icontec, y el Ministerio de Ambiente, con sus Etiquetas Ambientales Tipo I, el Sello Ambiental Colombiano (SAC) y, sus criterios ambientales para ladrillos y bloques de arcilla o, uniéndose a nuevos proyectos sostenibles como el del ingeniero químico José Fernando Benítez Vivas, estudiante de la Maestría en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, quien comprobó en su trabajo de grado que adicionarle a la arena un 4 % de la ceniza resultante de la quema del carbón de la elaboración del ladrillo, da como resultado un producto menos contaminante para el medio ambiente.

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