Análisis de caso – 25 de febrero de 2026
Por: Luis Felipe Patiño
En la sesión de clase se desarrolló el laboratorio titulado “Anatomía de la basura electoral”, un ejercicio académico orientado a analizar críticamente el impacto ambiental, discursivo y programático de las campañas políticas, especialmente en lo relacionado con la producción masiva de material electoral impreso y su efecto en el espacio público.
La actividad se estructuró en tres dimensiones de análisis: ambiental, discursiva y programática. Cada grupo diligenció un formato en el que planteó propuestas desde el rol de publicistas, reflexionando sobre cómo transformar las prácticas tradicionales de campaña para hacerlas más responsables y efectivas.
Dimensión ambiental
En esta primera parte, los grupos reflexionaron sobre cómo rediseñar las estrategias de difusión electoral para reducir el impacto ambiental sin perder alcance ni recordación. Se evidenció una preocupación común frente al uso excesivo de papel, vallas, pendones y publicidad impresa que, tras la jornada electoral, se convierte en contaminación visual y residuos sólidos.
Algunas propuestas plantearon la implementación de materiales biodegradables y tintas ecológicas, así como la producción de impresos en papel compostable que puedan convertirse en abono. Otros grupos sugirieron la creación de una legislación que obligue a los candidatos a vincular gestores ambientales responsables de recoger, clasificar y reutilizar la propaganda política una vez finalice la campaña.
También se propuso priorizar estrategias digitales y el uso de redes sociales para disminuir la difusión física, así como fortalecer acciones BTL e interactivas que generen cercanía con la ciudadanía sin necesidad de saturar el espacio público con material impreso. Incluso se mencionó la optimización de recursos tradicionales como el periódico, pero bajo un modelo mejorado y más responsable con el entorno.
En este punto, fue especialmente relevante la intervención del profesor Iván Darío, quien afirmó que, si estuviera en sus manos, implementaría una medida en la cual a cada candidato que pase a segunda vuelta se le entregue una cantidad determinada de dinero, destinando obligatoriamente una parte de esos recursos a la limpieza de la ciudad y a la recolección de su material electoral. Esta reflexión permitió abrir el debate sobre la corresponsabilidad política y la necesidad de que las campañas asuman las consecuencias ambientales de sus estrategias de difusión.
Dimensión discursiva
En la dimensión discursiva, el análisis se centró en cómo construir mensajes competitivos y persuasivos sin recurrir a la descalificación del adversario ni a la simplificación extrema. Los grupos coincidieron en que es posible generar diferenciación y movilización ciudadana a partir de propuestas claras, medibles y basadas en hechos.
Se planteó la importancia de identificar problemáticas reales de la ciudadanía y ofrecer soluciones concretas, acompañadas de metas verificables, plazos e indicadores de cumplimiento. Asimismo, se destacó la necesidad de mantener un lenguaje firme pero no polarizante, movilizando desde la esperanza y la eficacia en lugar del ataque.
Algunos equipos propusieron estructurar los mensajes destacando logros ya obtenidos y sustentándolos en investigaciones que respalden las principales problemáticas sociales. También se hizo énfasis en la construcción de discursos que conecten con distintos públicos objetivos —como madres cabeza de hogar o jóvenes votantes— sin caer en la manipulación emocional.
En general, se concluyó que una comunicación política responsable debe centrarse en propuestas tangibles y en la construcción de confianza, evitando los juegos de palabras vacíos y los ataques que contribuyen a la polarización social.
Dimensión programática
Finalmente, en la dimensión programática se abordó la formulación de promesas de campaña claras, verificables y viables, manteniendo atractivo comunicativo. Los grupos coincidieron en que las propuestas deben tener un desarrollo progresivo y ajustarse a los marcos constitucionales y presupuestales para garantizar su viabilidad.
Entre los ejemplos planteados se mencionaron proyectos específicos como la expansión de infraestructura en barrios vulnerables, subsidios directos con montos definidos y metas cuantificables en el primer año de gobierno, así como programas de empleo inclusivo y capacitación gratuita. Estas propuestas fueron acompañadas de la idea de establecer plazos concretos y responsables institucionales, con el fin de fortalecer la credibilidad ante la ciudadanía.
Además, se destacó la importancia de comunicar las propuestas de manera clara y cercana, utilizando un lenguaje coloquial que facilite la comprensión sin perder rigurosidad técnica.
Conclusión
La actividad permitió comprender que la llamada “basura electoral” no es únicamente un problema ambiental, sino también comunicativo y ético. Las campañas políticas no solo deben preocuparse por ganar visibilidad, sino por hacerlo de manera responsable, sostenible y coherente con sus discursos de transformación social.
El ejercicio evidenció que existen alternativas reales para reducir el impacto ambiental de las campañas, mejorar la calidad del debate público y formular propuestas más responsables y verificables. Asimismo, dejó como reflexión central la necesidad de que los candidatos asuman compromisos concretos frente a la limpieza y recuperación del espacio público, tal como lo planteó el profesor Iván Darío en su intervención.



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