La sesión estuvo centrada en el análisis del escándalo protagonizado por Cambridge Analytica y su relación con Facebook, un caso que evidenció la vulnerabilidad de los datos personales en la era digital y abrió un debate global sobre privacidad, manipulación política y regulación tecnológica.
Como punto de partida, se contextualizó cómo Cambridge Analytica obtuvo datos personales de millones de usuarios de Facebook sin un consentimiento plenamente informado, utilizando esa información para construir perfiles psicológicos y dirigir mensajes políticos altamente segmentados. Este hecho no solo comprometió la privacidad individual, sino que también puso en cuestión la transparencia de los procesos democráticos y la responsabilidad ética de las plataformas digitales.
Para comprender la complejidad del caso, la clase se dividió en grupos, asignando a cada uno un rol específico: Cambridge Analytica, Facebook, la ciudadanía afectada y los entes reguladores. El objetivo era asumir la perspectiva del actor correspondiente, identificar responsabilidades, justificar posturas y proponer soluciones frente a la crisis.
En nuestro caso, asumimos el rol de la ciudadanía afectada. Desde esta posición, el análisis giró en torno a cómo nos vimos impactados por la extracción y uso indebido de nuestros datos. Reconocimos que hubo una vulneración directa de la privacidad y una utilización de información personal sin conocimiento ni autorización consciente. Esto generó una pérdida de confianza en las plataformas digitales y una sensación de exposición frente a estructuras de poder que operan de manera poco transparente.
Sin embargo, el ejercicio también nos llevó a una reflexión autocrítica. Como ciudadanía, reconocimos que muchas veces aceptamos términos y condiciones sin leerlos, compartimos información personal de manera descuidada y no dimensionamos el valor que tienen nuestros datos en el mercado digital. No obstante, concluimos que esta falta de conciencia no justifica el uso indebido de información por parte de empresas que cuentan con mayores recursos, conocimiento técnico y responsabilidad legal.
Durante la actividad, cada grupo debía definir qué responsabilidades asumía y cuáles no. Desde nuestra postura, consideramos que no somos responsables del uso estratégico y político que terceros hicieron con nuestros datos, pues nunca existió un consentimiento claro ni informado para ese fin. En cambio, sí asumimos la necesidad de fortalecer la educación digital y exigir mayor transparencia.
Posteriormente, realizamos carteles en los que manifestamos acuerdos y desacuerdos frente a distintas afirmaciones relacionadas con el caso. Esta dinámica permitió visualizar cómo, incluso dentro de la clase, existían posiciones diversas sobre la responsabilidad empresarial, la regulación estatal y el papel de los usuarios. El ejercicio evidenció que el problema no es individual, sino estructural.
Como parte final, se nos pidió diseñar una minicampaña básica desde nuestro rol. Desde la ciudadanía, planteamos la necesidad de promover una cultura de protección de datos, exigir regulaciones más estrictas y fomentar el pensamiento crítico frente al consumo de información digital. La propuesta giró en torno a recuperar el control sobre nuestra información y comprender que nuestros datos no son un recurso neutro, sino un elemento de poder.
Al analizar los otros roles, se hizo evidente que Cambridge Analytica podía intentar justificar sus acciones bajo la lógica del marketing político y el uso de datos disponibles, mientras que Facebook asumía una postura más defensiva, reconociendo fallas en sus sistemas de control pero evitando una responsabilidad estructural más profunda. Por su parte, los entes reguladores evidenciaron la debilidad de las normativas existentes frente al rápido avance tecnológico.
En conclusión, el ejercicio permitió comprender que la tecnología no es neutral y que la gestión de datos personales tiene implicaciones éticas, políticas y sociales profundas. Más allá de señalar culpables, la actividad nos invitó a reflexionar sobre nuestro papel como ciudadanos digitales y sobre la urgencia de construir marcos regulatorios que acompañen la innovación tecnológica sin sacrificar derechos fundamentales y ser más conscientes de nuestra manera de mover el mundo y las mentes de los públicos siendo nosotros publicistas.
Esta experiencia no solo facilitó la comprensión de un caso mediático, sino que promovió una mirada crítica sobre el poder de la información en la sociedad contemporánea y sobre la responsabilidad compartida que implica habitar el entorno digital.
Elaborado por: Angie Garavito



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