Por: Johana Milena Asela Bolívar – jaselab@ucentral.edu.co
Emprender en un sector tradicional
El sector textil y de marroquinería en Colombia tiene una larga trayectoria, pero en los últimos años ha comenzado a transformarse gracias al empuje de nuevas generaciones de emprendedores. Estos jóvenes no sólo buscan vender productos, sino replantear la forma en que se producen y consumen los accesorios de cuero y la ropa en general. La mirada ya no está únicamente en competir por precios, sino en destacar por identidad, calidad, diseño y durabilidad.
Uno de ellos es Juan Fernández De Soto, economista y administrador, egresado de la Universidad de los Andes, quien hace un par de años decidió entrar a este sector con un grupo de socios. “Llevo emprendiendo en este mundo 2 años larguitos(…) ahoritica estoy intentando emprender en este mundo de marroquinería y textil que es tan complicado” , explica Juan sobre el inicio de su camino empresarial.
Su apuesta, como la de otros emprendedores de su generación, responde a un contexto en el que las marcas tradicionales siguen dominando, pero donde hay espacio para proyectos que planteen nuevas formas de hacer industria. Fernández De Soto habla de “cuadruplicar ventas” en un año, pero reconoce que el reto es aún mayor, cómo crear una propuesta capaz de sostenerse en un mercado competitivo y cambiante.

Confección local y mirada latinoamericana
Uno de los elementos más repetidos en el discurso de estos proyectos es la apuesta por lo local. En el caso de Juan Becerra, la marca liderada por Juan Fernández De Soto, la confección se hace en Colombia y los insumos provienen, en lo posible, de la región. “Nosotros intentamos que todo sea confeccionado acá en Colombia(…)algunos insumos seguramente van a ser importados, pero la confección sí es 100% colombiana”, afirma.
Este énfasis busca diferenciarse de la dependencia de insumos de mercados como Europa o EEUU. Para él, América Latina tiene lo suficiente para producir con calidad y competitividad. De hecho, menciona que países como Perú, reconocido por su fortaleza en el sector textil, o Argentina, con un alto desarrollo en la marroquinería, sirven como referencia en la calidad de los insumos.
Más allá de la bandera colombiana, la discusión está en cómo hacer que ese sello se traduzca en valor agregado real. Como recuerda Fernández, “muy lindo yo tener siempre la bandera colombiana(…)pero eso no puede ser mi valor agregado, mi valor agregado tiene que ser otro”. La clave está en lograr que el diseño y la calidad hablen por sí mismos.
Retos del cuero y la competencia global
El sentimiento de felicidad o satisfacción de un emprendedor convive con limitaciones constantes. Una de ellas es la falta de consistencia en los insumos, especialmente en el cuero, materia central de la marroquinería. “A veces no consigo cueros iguales para todas mis producciones(…)Claramente, todas las las vacas son distintas, no vamos a conseguir siempre el mismo cuero, pero deberíamos tener alguna consistencia y que no todos los cueros sean tan distintos a los que a veces conseguimos. El mercado ganadero, tenemos un potencial grande, tal vez no seremos Estados Unidos o Argentina o Brasil, pero igualmente tenemos ese mercado grande que nos hace poder competir de alguna forma ahí”, reconoce Fernández De Soto.
A este desafío se suma el contexto del mercado local. La globalización y el e-commerce han facilitado la entrada de productos de otros países, que compiten directamente con lo nacional. “Cada vez hay más emprendimientos, hay más oportunidades, pero también hay más competencia y cada vez es más complicado competir dentro de este mercado”, señala el economista.
La competencia no viene únicamente de afuera. Dentro de Colombia, los nuevos proyectos obligan a todos a elevar la vara más alta. Para un sector que busca ser reconocido en el exterior, la presión es doble, porque es competir en diseño frente a grandes marcas y sostenerse frente al volumen de producción de la moda rápida (fast fashion).
Identidad y diseño como diferenciación
En un mercado tan saturado, la diferenciación se vuelve difícil. Para Juan, copiar modelos extranjeros no es la salida. “No me gustaría copiar tanto lo que se hace por fuera, sino intentar explorar cosas desde acá adentro, materiales, diseños, sin perder que tiene que ser elegante, clásico y atemporal”.
Esa búsqueda de identidad se traduce en colecciones inspiradas en Colombia. Porque eso es lo que inspira, motiva a emprender, a comprar y apoyar cada vez más lo colombiano. No solo está la moda del oversize, tropical chic, entre otras, también está la moda de vestir formal y elegante, en el mercado hay campo para todos, pero siempre buscando un punto de diferenciación entre todas las marcas.
Este tipo de propuestas reflejan el deseo de jóvenes emprendedores de no limitarse a replicar modas, sino de generar un estilo propio. Para el mercado colombiano, donde la oferta de diseño elegante y atemporal sigue siendo reducida, estas iniciativas abren la puerta a nuevas posibilidades de consumo cultural.
Durabilidad frente al fast fashion
El otro frente de discusión es la sostenibilidad, frente a la moda circular, que promueve el consumo desechable. Algunos emprendedores plantean la necesidad de pensar en prendas que duren años. “Yo quiero hacer ropa que dure bastante… lo mismo que las billeteras, que te duren muchos años(…)Que uno dure en los bolsillos de los colombianos bastante tiempo. Entonces, eso puede ser, tal vez un fast fashion, pero con reciclaje, hacer ropa más durable o lograr hacer materiales reciclables, que sean también muy buenos” dice Juan Fernández. Su mirada coincide con una tendencia global que busca reducir el impacto ambiental de la industria textil, si bien algunas marcas lo hacen a través del reciclaje de prendas, en este caso la apuesta está en la calidad y resistencia de los materiales, la durabilidad, más que el reciclaje, sería ese sello de valor importante.
El reto es que los consumidores acompañen ese cambio de paradigma, como dice Juan, muchos compradores aún se dejan llevar por el precio o las tendencias inmediatas. Cambiar esa lógica requiere tiempo y de un esfuerzo colectivo de marcas, medios y consumidores, en cuanto a las marca, el reto está en consolidar un sello de calidad y una identidad propia que logre impactar a los consumidores y, al mismo tiempo, permita que los emprendimientos sean bien recibidos y reconocidos con comentarios positivos.
Perspectivas de la moda colombiana
A pesar de las dificultades, la visión de futuro es optimista, para Juan Fernández, Colombia no tiene nada que envidiar a otros países de la región.“Yo creo que acá en Colombia no tenemos nada de que envidiarle a nadie.Tenemos marcas también top en el mundo”.
El país ya cuenta con emprendedores que exportan a mercados exigentes como Estados Unidos o Europa, lo que demuestra que existe un potencial para crecer. Sin embargo, alcanzar ese nivel requiere una industria más robusta, capaz de sostener calidad y consistencia en el largo plazo. En este escenario, la nueva generación de emprendedores juega un papel clave, no solo por sus propuestas innovadoras, sino porque incorporan temas como sostenibilidad, identidad cultural y responsabilidad en la producción, su éxito dependerá de si logran convertir esas intenciones en realidades escalables y competitivas.
La moda colombiana tiene un terreno fuerte para crecer, pero necesita condiciones que garanticen continuidad y visibilidad internacional. La marroquinería y la industria textil en Colombia viven un momento de transición, la competencia global y el impacto ambiental presionan al sector, mientras emergen voces de jóvenes que buscan diferenciarse con identidad, durabilidad y propuestas responsables.
El testimonio de Juan Fernández de Soto refleja un esfuerzo colectivo que trasciende su propia marca, el intento de una generación por demostrar que en Colombia se puede producir moda con calidad y con sello propio. El reto está en pasar de las buenas intenciones a la consolidación de una industria más sólida, capaz de garantizar insumos suficientes, empleo digno y competitividad internacional.
Esta investigación hace parte de una propuesta transmedia que busca conocer la industria textil y marroquinera de Colombia, además de la forma en la que los jóvenes quieren innovar día a día en este sector. La investigación no termina aquí, quienes deseen profundizar, pueden acceder al video y al programa de Concéntrika al oído, donde se amplían los testimonios y se ofrecen reflexiones complementarias al texto.
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