Conexión CentralLa Toma V.6 (Reciclaje e Intertextualidad)

La Toma V.6 (Reciclaje e Intertextualidad)

MESA 2

En el marco de la sexta versión de “La Toma”, el ámbito de análisis e interpretación ha querido abrir un espacio para la circulación y socialización de conocimiento producido por las y los estudiantes. De esta manera, estos trabajos recogen una serie de ponencias desarrolladas por algunos estudiantes a lo largo del segundo semestre de 2009, que giran en torno a un fenómeno típico de la producción cultural y material de las sociedades contemporáneas: el mestizaje, la hibridación, el reciclaje y la transtextualidad.

PONENCIA 3: Halloween una expresión intertextual

“El Halloween entra a Bogotá y posteriormente a Colombia  a mediados de los años 60; como importación e imitación literal por parte de las clases sociales más altas de las celebraciones en Estados Unidos. Es decir, el Halloween se inicia en Bogotá más como una moda y como un símbolo de distinción y de clase».

Halloween  es una fiesta que se viene celebrando en Bogotá desde los años 60, sus orígenes y las connotaciones que tiene han generado un cambio tanto en su nombre como en las practicas que han sido apropiadas por los Bogotanos de diversas formas a lo largo de los años. En un comienzo esta celebración fue atribuida a los celtas, los cuales creían en una línea que une a este mundo con el otro y por el cual atravesaban espíritus malévolos y benévolos durante la época en que se acababa el verano. Su contexto histórico originó una serie de rituales, creencias y actividades que se trasladaron a otros países y crearon así,  una cantidad de resignificaciones como aquella que relaciona esta celebración con evento grupos o sectas satánicas, hoy en día los  mitos y leyendas se han criollizado en nuestra ciudad y la fiesta de Halloween ha generado una serie de contradicciones con los hábitos citadinos, que han terminado por  apropiársela de manera que puede ser igualmente una celebración de santos, muertos o una que conmemora  a los niños y niñas.

En cuanto a la apropiación de la fiesta de Halloween en esta ciudad, se han  adaptado  las dinámicas establecidas por la tradición, pero en todo caso han habido transformaciones ya que  en un principio las clases sociales más altas generaron una sectorización de la celebración cerrando un círculo de consumo y de celebración bien exclusivo. Desde ahí las personas empezaron a compartir esta práctica de acuerdo al modo de adquisición de la indumentaria, en la calle, en un almacén de cadena, se alquile o se improvise. Por otro lado, otros sectores sociales debieron adecuar su apariencia para la celebración de acuerdo a la reutilización de elementos descartados, componentes descompuestos, etc., mientras que otros pudieron adquirir sus indumentarias intercambiando su dinero por el vestuario deseado. Por lo tanto la condición de origen de la prenda afectará el uso final del atuendo tanto como a su usuario, pues su práctica en la celebración también quedará delimitada a las condiciones que el contexto imponga para estar  acorde con la apariencia y el tema del atuendo. Incluso, la simple relación entre menores puede estar determinada por el tema de la indumentaria que se posea, si son héroes, todos los niños vestidos de esa manera se reunirán en un solo grupo y a su vez excluirán a los que están vestidos de otra forma.

En cuanto a la denominación del ritual este ha pasado por una cantidad de nombres desde Halloween, la noche de los dulces, la noche de los niños, la noche de los muertos, carnaval de niños y niñas, día de todos los santos etc. Por otro lado se ha mantenido la costumbre de dar y recibir comida, particularmente dulces y bebidas de forma gratuita e incluso se juega o se concursa para ver cuál es el que mejor está disfrazado, de forma que se vive una serie de emociones unas tras otras, pues se está pendiente del entorno y de la aventura que despierta el estar oculto o disfrazado ante los demás.

Los comportamientos y prácticas que se desarrollan en el día de Brujas reflejan de tal forma, una ritualizacion en la cual se configuran identidades, se reflejan creencias, ideologías y valores materializados en el disfraz o atuendo. Como el tema del vestuario puede ser un héroe o antihéroe social, la simbología que viste a la persona permite el registro de creencias, gustos y modas de un sector social y sus individuos.

En este momento es cuando entra en juego la cultura material, pues la identidad de las personas inmersa en las acciones sociales es conformada a través de sus prácticas en común. Sin embargo, eventos de este estilo van acompañadas de otro tipo de actividades como la publicitaria que promueve la movilidad de los objetos a través de la adquisición, el uso y el desecho. Esto hace que el modo de ejercer las prácticas permanezca por un momento, pero luego se abandone, para el caso del disfraz que se usó hace unos años y que se desee usar nuevamente, podemos ver que ya no se encontrará disponible o si se rescata del pasado, se correrá el riesgo de ser excluido de las relaciones sociales predominantes, tal como sucede con determinados sentimientos que se pueden desvanecer cuando el pasado se ha olvidado o se ha transmitido a otras culturas o sociedades. Ocurre así con la versión contemporánea de los espíritus y los espantos que ahora presentan su fase comercial, apoyada por el cine, la televisión y por la misma publicidad, lo cual se ha encargado de generar toda una serie de prácticas entorno a una fiesta que si bien guarda sus referentes iniciales, ha ampliado sus objetivos en dirección al comercio, la fiesta, los niños, el gasto, los dulces, la comida, la rumba, etc.

La resignificación de objetos, signos y espacios es la principal actividad ejercida en  este tipo de celebraciones, un estereotipo social puede ser representado de distintas formas, los símbolos sociales pueden adquirir una diversidad de valores a tal punto que se pueden expresar a través de una diversidad de objetos o atuendos, ahora bien, los objetos pueden ser reutilizados para crear disfraces improvisados, autóctos o artesanales y como ya hemos dicho, la misma fecha se usa en varios sentidos y ha pasado a ser considerada como algo satánico, religiosos o comercial.

Disfraces de vampiro, enfermera, soldados, diablas, resignifican los colores que simbólicamente se han relacionado con estos estereotipos, así, el blanco, el negro, el naranja y el violeta resultan decorando un murciélago, un diablo o una mujer sensual. Un objeto como la calabaza se relega a objeto que ambienta el suspenso y ve desplazada su función primaria a otras funciones que otorgan las prácticas sociales y rituales.

“Si observamos la forma como actualmente se celebra el Halloween en la ciudades colombianas, y concretamente en Bogotá, podemos percibir un lento pero claro desplazamiento en los recorridos y en su espacializaciòn que tiene que ver con la misma transformación de la ciudad y de las relaciones socioespaciales en ella».

La aceptación actual de la fiesta de Halloween congrega una multitud de personas que además de reconfigurar objetos, colores y símbolos, interviene los espacios con marchas infantiles, de zombies, drag queen, etc., los cuales a su vez se apropia del entorno público y privado para dar cabida a las actividades que cada grupo propone y que en muchos de los casos, no tienen otra finalidad que la de exhibirse públicamente de manera novedosa.

La nueva configuración del espacio reformula los códigos que se encontraban prefijados, se puede mencionar que la calle que había sido un espacio urbano rutinario, para  la fiesta de Halloween, ve en las marchas temáticas que se realizan una transformación en el modo de circular por las calles y ocupar la urbe, las avenidas que eran para vehículos se convierten en peatonales por la acción misma de la multitud, el comercio ve incrementadas sus ventas, en tanto que ellos ofrecen unos cuantos dulces o una pequeña bebida a cambio de recibir una multitud agradecida por los obsequios.

“En el Halloween no sólo se exorcizan los temores de los niños y adultos a la noche, a la calle, a los monstruos o al extraño, sino que la sociedad de propietarios, exorcizan el temor a quedarse sin clientes, a la pérdida de la mercancía, al saqueo, y a la sociedad en general, al temor de que este orden de cosas de la sociedad de mercado y del consumismo se colapse o pierda su dinámica creciente».

A la vieja actividad de pedir dulces se le resta importancia, el camino limitado al vecindario en el que padres y niños iban de casa en casa para recolectar dulces se ha extendido y convive con las marchas o desplazamientos de los adultos que definen sus finalidades en torno a otros lugares que los convocan para celebrar.

BIBLIOGRAFIA

•Sanín Santamaría, Juan Diego. Estéticas del consumo. Configuraciones de la

cultura material. Colombia, Universidad Pontifica Bolivariana, 2008.

•Minaña Carlos, “Bogotá busca fiesta: entre el Halloween y el Carnaval.

Artículo disponible en: http://www.unal.edu.co/red/docs/halloweenminana.pdf

Hecho por:

Julieth Rodríguez Franco