InternetLa lucha continúa: ¿Por qué sigue habiendo marchas feministas?

La lucha continúa: ¿Por qué sigue habiendo marchas feministas?

Por: Sara Sofía Díaz Cañón

Por siglos, la protesta social ha sido una de las manifestaciones más recurridas por parte de grupos marginados por el Estado. Sin embargo, cuando hablamos de mujeres reivindicando los derechos, las violencias quedan a un segundo plano; mientras que las formas que tenemos para manifestar son cuestionadas. ¿Por qué deberían seguir habiendo marchas feministas?

Hace aproximadamente 2 meses, en diferentes ciudades del país, nos presentamos más de 500.000 participantes en las marchas convocadas por diferentes colectivos para el 8 de marzo. Estas marchas son organizadas dos veces al año frente a los crecientes abusos físicos, sexuales y verbales hacia las mujeres colombianas.

 

Muchos ciudadanos han dado su opinión sobre las formas correctas en que las mujeres de nuestro país han decidido mostrar su inconformidad, dolor y rabia. Una de esas queda en manos de varios colectivos que se manifiestan a través de la iconoclasia, o como suelen llamarlo, “vandalismo”.

 

Otros también mencionan sobre cómo se visten y qué se grita en las marchas. Sin con mucha o poca ropa, si hay niñas pequeñas, si mencionan en sus arengas al Estado, a la iglesia o la policía. Todas estas posiciones son dichas desde un privilegio y desconocimiento sobre la violencia estructural en la que se vive.

Los datos de solo el año pasado son alarmantes: Según Corporación Sisma, los feminicidios en Colombia aumentaron en un 12,3%. Para la Defensoría del Pueblo, el 91,8% de las víctimas de abuso sexual son mujeres. Y para finalizar, Medicina Legal registró más de 50.000 casos de violencia intrafamiliar.

Por otro lado, a las víctimas del acoso sexual les falló el Estado en el 2021: A más de tres debates en la Cámara de Representantes, no pasó el proyecto que convertiría el acoso callejero en un delito. Preocupante, teniendo en cuenta que de cada 100 mujeres que se suben al transporte público conocido como Transmilenio, 37 son acosadas sexualmente.

 

El acoso en el transporte público fue una de las conclusiones sobre un estudio de la Universidad de North Carolina, dentro de la publicación especializada Journal of Transport and Health. En esta, se encuentra la investigación en Bogotá y del transporte informal de El Alto, en Bolivia.

En una sociedad que no protege a las niñas, adolescentes y mujeres de la violencia, desde el relato colectivo concordamos las marchas como una válida manifestación.  El salir a ese espacio a gritar, a romper, a llorar, a bailar y a reclamar; se convierte en sí en un acto legítimo.

Sin embargo, actos como estos y similares tales como los bloqueos a vías públicas, son consecuencias de que la protesta feminista pacífica no se toma en serio. Cuando desde el arte, desde el entretenimiento, desde la academia o los relatos de las familias de las víctimas no son suficientes; la protesta social callejera es necesaria.

En las mismas calles del centro de Bogotá donde se puede encontrar graffitis diciendo “ni puta, ni sumisa”, son las mismas calles en donde se evidencia más de 100 casos de trata de mujeres en los primeros semestres de cada año según Defensoría del Pueblo.

 

Salimos a reclamar también un derecho que hasta hace poco se nos otorgó: el derecho a decidir y acceder legalmente al aborto. Teniendo en cuenta las cifras de muertes por abortos clandestinos que aumentó en un 50% según el Observatorio de Salud Pública y Epidemiología en pandemia, se dio discusión a su despenalización parcial en el 2022.

Esperamos que los hombres que se sientan inconformes con los senos de mujeres expuestos en las marchas, no sean los mismos que consuman pornografía o acosen a otras mujeres por tener escote. Que las mujeres que tanto cuestionan nuestras performances en la calle nunca hayan tenido que perder a una hija, una madre o una amiga por feminicidios.

 

La marcha y la lucha por los derechos están avalados por la constitución colombiana de 1991: “Artículo 37. Toda parte del pueblo puede reunirse y manifestarse pública y pacíficamente.” Y si a las mujeres nos pesa más el dolor de nuestras muertas que paredes y monumentos rayados, prometemos volver a salir a las calles.