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Nos queda mucho que aprender

Por: Michelle Celis Gómez.

Está claro que la pandemia sí transformó las dinámicas sociales. Lo hizo afectando y modificando la forma de relacionamiento entre los seres humanos; no lo digo solo por el método de comunicación como acciones físicas-gestuales, sino porque nos hizo buscar protección de nosotros mismos.

La discriminación y el rechazo no son temas nuevos; sin embargo, producto del confinamiento se han agudizado estas y otras problemáticas en torno a los sujetos y su interacción. En este caso, analizamos las relaciones sociales y la dificultad para adquirir confianza en el otro, un hecho que se ha complejizado y alejado de nuestro alcance.

En conversaciones con Johana Caro, psicóloga y terapeuta, me quedé pensando cuando me dijo que la pandemia pudo dejarnos muchas herramientas a pesar de los efectos que tuvo en algunas personas, y que gracias a ella, nos permitimos conocer y explorar nuevas formas de compartir espacios sin tener contacto.

Analicé si precisamente ese no era un problema. Pero entendí que así como tuvo sus pro, también tuvo sus contra y que a pesar de que fue más latente la dificultad de supervivencia de los sujetos consigo mismos y hacia los demás, este cambio era necesario y lo más importante iba a dejarnos una gran enseñanza en la humanidad.

Brenda Ospina, quien es psicóloga y trabaja con población en condición de vulnerabilidad me brindó un espacio para charlar donde afirmó que, la pandemia tuvo un alcance tan profundo que logró transformar los proyectos de vida de las personas. Así que pensé: si una persona atraviesa por un proceso de cambio, ¿cómo se verá reflejado eso mismo, ahora, en su entorno social?

La respuesta la tuvo Daniela Sáenz, psicoterapeuta enfocada en la persona de la Universidad de Nottingham cuando me comentó que “este nuevo modo de vivir puso mucha presión en personas que viven en un mismo espacio, cambiando la dinámica de las relaciones por el período de adaptación y los estilos de comunicación hacia los otros”.

Me dispuse a meditar en esta respuesta y claramente las personas muchas veces son el reflejo de lo que viven en casa, así que está claro que para que una persona se logre desenvolver fácilmente en sociedad, debe forjar una confianza y una aptitud para comunicarse; solo que esto se ha convertido en un proceso difícil, aún más cuando de por medio ya existe un virus.

Eduardo Henríquez, docente de Comunicación de la Universidad Nacional de Loja, en una entrevista hecha por su facultad determinó que la presencialidad era un medio necesario para evitar el contagio y que sin embargo, antes de la crisis, los entornos digitales ya nos habían robado algunos rituales sociales.

La percepción del docente es acertada si fijamos nuestra atención en el protagonismo que el mundo virtual fue tomando en la vida cotidiana. Es entonces necesario tener en cuenta que ya éramos débiles en el desarrollo de volvernos seres humanos digitales.

Aquí llega la pregunta: ¿Entonces cuál es la manera de evitar el contagio, si no es teniendo en cuenta las medidas de bioseguridad y sobre todo especial cuidado en la cercanía que tengo con el otro? Porque está claro que debe haber una prevención y que no se trata de un tema para relajarse sino de ser metódico con este tipo de relacionamientos.

Revista Visor en un artículo hecho por Daniela Cabarcas, presenta un apunte bastante importante para darle un giro al sentido del confinamiento y la pandemia, y es ver en el cambio espiritual, el aprecio por la vida y la resiliencia: un efecto positivo y una oportunidad de valor con la que se debe ser agradecido.

Oportunidad de valor porque desafortunadamente muchas familias perdieron seres queridos. A pesar de lo difícil que es creer en otra persona y entablar una conversación presencial desde el contacto, ya no es un tema sumamente trascendental y menos cuando está de por medio la vida misma; hecho que también resalta Daniela Cabarcas en su artículo.

Las experiencias propias juegan un papel importante a la hora de pensar en el desarrollo de las relaciones sociales. Por ello, me contacté con Paula Camacho, psicóloga de la Fundación Proyecto de Vida y en un momento de nuestra conversación comentó que los vínculos presenciales son importantes para armonizar y hacer más confiable las relaciones.

La cultura occidental, dijo además, representa una necesidad en nosotros como seres humanos del contacto visual y físico, razón por la cual reducir estos espacios, incide en la soledad de las personas y en la finalización de las relaciones mismas. Así que pude considerar que en definitiva la virtualidad sí nos pudo interpelar en un sentido no tan bueno.

Pero la virtualidad nos presenta una nueva forma de concebir el mundo, que no es perfecta y está en constante cambio. Un detalle que convierte lo digital en una necesidad productiva y que nos enseña a volvernos sujetos maleables, con adaptabilidad inmediata a las circunstancias que nosotros mismos, como seres humanos, estamos creando para los demás.

Creamos circunstancias, conforme nos adherimos más al concepto de empatía o también si lo hacemos menos. Por eso es importante reconocer cuál es la realidad que nos compete, el para qué de cada una de las situaciones y no enfrascarnos en estos problemas, sino buscar soluciones siempre y cuando se puedan generar.

La comunidad es aceptar que existen diferencias, pero no apoyarnos en estas debilidades para hacer inferior al otro. Hay una realidad que hay que afrontar, sea fácil o difícil, pero en tiempos de Covid, de virus, de crisis mundial, nuestro deber es llevar relaciones sociales más llevaderas.

Sé que es difícil atravesar por la confianza, por el cuidado y por tantos riesgos que presenta esta enfermedad o este virus; pero por eso mismo desde la individualidad debemos ser conscientes de que nuestra ayuda no está de más para el otro y no le sobra. Por el contrario, enriquece social y espiritualmente tanto a los demás como a nosotros mismos.

Vale la pena comprender que como seres humanos, estamos en proceso de formación y crecimiento, y que no está mal ser parte de los buenos momentos del otro. La protección y este cambio nos sirve para tener mayor cuidado unos de otros. Te invito a que leas mi entrevista con Johana Caro, hablemos de relacionarnos post-pandemia.

Por tal razón si deseas conocer más sobre este tema, te invito a que continúes el trayecto realizado en la infografía titulada “Periodismo para las relaciones sociales» con la que se contextualiza y profundiza la comunicación social en torno a una nueva realidad.