<strong>La injusticia, el peor asesino</strong>

La injusticia, el peor asesino

Por: Juliana García

La intolerancia en Bogotá ha resultado fatal con los ciudadanos en su diario vivir.

Uno de los casos más graves vistos en los últimos días: es referente a un escolta quien mató a tiros a un conductor de aplicación en medio de una discusión. Un gran cambio a la justicia es lo que realmente necesitamos para acabar con este tipo de casos. 

 

Casos como este son inaceptables y deberían ser de cero tolerancia para las autoridades del país. Claramente la mejor solución no es el miedo a ser reprendido, pero de algo debe servir. 

 

Por supuesto que no se debe dar poder total a las autoridades, pues ya sabemos qué hacen ellos con ese poder, pero es necesario que las medidas correctivas den el suficiente recelo para evitar que estos casos ocurran.

 

El escolta, quien disparó al conductor de plataformas, realizó dicho acto con un arma perteneciente al gobierno, afirma la página de noticias de City TV, lo que indica que muy probablemente este hombre se encontraba escoltando a alguien de poder en la justicia del país.

El hombre fue capturado por las autoridades, sin embargo, fue dejado en libertad a los pocos días sin ninguna consecuencia, por consideración del juez penal de garantía, posterior a escuchar la solicitud del abogado del presunto asesino, alegando que los hechos ocurrieron en legítima defensa. 

 

¿Qué evita que este hombre vuelva a cometer un acto como este?, donde por un mal manejo de ira e intolerancia ve la facilidad de tomar un arma y disparar sin pensar en lo que eso puede causar. ¿Por qué? Un ser humano provisto de un arma se cree con la facultad de decidir sobre la vida de otra persona.

 

Este hombre fue liberado sin ningún problema, ¿no es acaso un peligro para la sociedad, una persona que carece de control de sus impulsos?, aunque siga vinculado al caso diariamente, deambula por las calles sin restricción alguna y sin pensar siquiera en las consecuencias que esto trajo a una familia.

 

Es aquí cuando cobra más sentido la necesidad de un cambio al sistema de justicia que tenemos actualmente, debe ser un cambio progresivo, sería irreal pensar que se va a ver un cambio de hoy a mañana o de aquí a una semana, porque verdaderamente no va a pasar, sin embargo, debe la sociedad tener casos donde la justicia actúe de manera ejemplar.

Según Pedro Octavio Munar, presidente de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, el país necesita una reforma a la justicia enfocada en las necesidades del usuario y que responda a la demanda de justicia de la ciudadanía.

 

Tal y como se enmarca en el artículo 416 del código penal que habla de abuso de autoridad por actos injustos, se especifica que el Servidor público que cometa acto arbitrario e injusto, incurrirá en multa y pérdida del empleo o cargo público. 

 

En el código penal se especifica que sí debe haber sanción, pero, al parecer el escolta del caso en mención obtuvo beneficios significativos y no ha recibido hasta la fecha ninguna consecuencia ante el acto cometido, se conoce por familiares de la víctima que el victimario continúa vinculado a sus cargos sin mínimos de restricción.

 

El ente responsable de imponer las medidas necesarias para casos como estos, debería ser garante de procesos justos, es su razón de ser, sin embargo, cuando de interés particulares se trata, se desdibuja un poco el debido proceso, afectando tal y como sucede en este caso a personas inocentes.

Ruth Estella Correa Palacios, exministra de justicia, afirmó que no es necesaria una reforma constitucional para mejorar la justicia, pues expresa que la verdadera reforma a la justicia consiste en un cambio de mentalidad. Claramente, eso hace parte del cambio, pero debe tener en cuenta que no podemos quedarnos sentados esperando a que las mejoras vengan solas.

 

En conclusión, el cambio a la forma de justicia actual es realmente necesario, en dos sentidos, por una parte, el gobierno debe hacer lo que sea preciso para que la justicia sea equitativa y real, que asegure consecuencias a quien las merezca con penas realmente ejemplares que tengan eco en la sociedad y que influyan en la toma de decisiones ante actos similares.

 

Por otra parte, debe existir un cambio como sociedad, donde se pueda reflexionar antes de actuar, donde reconozcamos el valor y los derechos del otro, donde cuidarnos entre todos sea una tarea, aunque pueda pensarse como una utopía, debe considerarse en un largo plazo, empezando por espacios de concientización guiados por el gobierno nacional.