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La decadencia del Palacio del Colesterol

Por: Andrés Salazar y Nicolás Poveda

Para quienes asisten frecuentemente o han asistido alguna vez al estadio Nemesio Camacho el Campín, uno de los lugares que se debe visitar casi que por obligación es el Palacio del Colesterol, un punto de comidas al aire libre compuesto por varios locales en donde la gallina, la morcilla, el bofe y otros productos típicos de la gastronomía colombiana son el plato fuerte. Este sitio, ubicado a unos cuantos metros del estadio, ha sido durante casi 7 décadas el lugar preferido por muchos para almorzar antes de los partidos de fútbol. Sin embargo, en el último tiempo la concurrencia al mismo disminuyó y esa costumbre se fue perdiendo.

Atrás quedaron los tradicionales paseos de olla, los locales llenos de gente y las pacíficas discusiones futbolísticas entre hinchas de diferentes equipos, hoy en día el Palacio del Colesterol sobrevive gracias a unos pocos vendedores que han trabajado ahí por muchos años y que heredaron esta tradición de sus padres o abuelos. La violencia es uno de los factores al que la mayoría de trabajadores de este lugar atribuye la poca asistencia en los últimos años.

Para Rosalba Vargas vendedora del Palacio del Colesterol desde hace aproximadamente 50 años: “las ventas han disminuido por las barras bravas de los jóvenes, esto ha ido alejando a los adultos que solían venir con sus familias a comer cuchuco con espinazo o fritanga. Todos los locales que están desocupados es por la violencia que se ha generado en los partidos y por eso muchos vendedores decidieron marcharse”.

En el Palacio del Colesterol hay 5 locales en funcionamiento y aproximadamente 15 desocupados, llenos de grafitis que hacen alusión a los equipos capitalinos. Sin embargo algunos hinchas como Alberto Cárdenas no han perdido esta costumbre, él asiste al Palacio desde el año 1948, y opina que: “Por el problema de las barras ha disminuido el flujo de gente, el hábito se ha perdido por las bebidas embriagantes,  la gente venía a beber y sucedían problemas. Antes se podía disfrutar con los hinchas de Millonarios y Santa Fe en este lugar, ahora no.”

El Palacio en  ‘El dorado’

Durante los años 50 el fútbol colombiano vivió una de las mejores épocas de toda su historia. En ese momento llegaron al país los mejores jugadores sudamericanos debido a problemas económicos y políticos en países como Argentina y Uruguay. Adolfo Pedernera, Néstor Raúl Rossi, Alfredo Di Stéfano, entre otras estrellas llegaron para darle talento a un torneo que hasta 1948 se profesionalizó. En ese momento el Palacio del Colesterol se convirtió en el lugar de espera por excelencia antes y después de los encuentros para aquellos hinchas que disfrutaban de un fútbol exquisito y mágico por cortesía de los talentosos extranjeros.

Para Mario Rodríguez, hincha de Millonarios: “Venir al Campín era casi que un ritual, se esperaban los encuentros con ansias y se tenía que traer el mejor vestido para los partidos. Habían jugadores excelentes y era un espectáculo. Una vez me demoré cerca de 2 días haciendo fila para comprar una boleta para un partido entre Millonarios y Deportivo Cali, casi me echan del trabajo”.

Sobre el Palacio del Colesterol recuerda: “Mi esposa era la más feliz cuando veníamos al estadio porque no le tocaba cocinar. Al Palacio íbamos con ella y mis 2 hijos, pedíamos cuchuco con espinazo y después una picada con papa criolla y gallina, eran platos grandes y muy ricos. Allá me encontraba con mis compañeros del trabajo y nos tomábamos unas polas mientras los niños jugaban. Era un buen lugar porque incluso usted veía hinchas de equipos diferentes y no había tantos problemas como ahora”, cuenta Mario quien asiste al estadio desde el año 1953.

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Fenómeno de la barras bravas

Fue hacia comienzos de los años 90 que la situación cambió radicalmente para aquellos que estaban acostumbrados a almorzar antes de los partidos cerca del estadio. Con la aparición de las barras bravas en Colombia la violencia aumentó. Se denominaban de esta manera  parodiando el fenómeno de los Hooligans en Inglaterra, y posteriormente de los hinchas argentinos. Estos grupos aparecieron de la mano del narcotráfico, en un momento complicado para el país.

El fenómeno se trasladó a todos los lugares, siendo Bogotá, Cali y Medellín las ciudades donde se formaron los primeros grupos de barras, que al comienzo no superaban las 100 personas, pero con el paso de los años estas se fueron fortaleciendo y se empezaron a ubicar en las tribunas laterales de los estadios. “Saltarines” de Independiente Santa Fe y la “Barra del búfalo” fueron los dos primeras barras organizadas en Bogotá, estas dieron origen a Comandos Azules y La Guardia Albi Roja Sur unos años después.

Desde ese instante el Palacio del Colesterol perdió su habitual clientela. Varias generaciones de hinchas acostumbrados a romper la dieta los domingos para disfrutar la deliciosa gastronomía colombiana se habían ido al suelo. Luis Jiménez, un hincha del Deportes Tolima fue testigo de un hecho de violencia en este lugar: “Yo estaba comprando comida con mis abuelos. De repente vimos que alguien agredió a un hincha de nuestro equipo porque íbamos ganando y este no soportó las burlas por el resultado.

Resistencia al olvido

Los pocos locales que todavía funcionan en el Palacio del Colesterol se resisten a cerrar porque aún existe gente que no pierde la costumbre familiar. Puestos como el de doña Rosalba Vargas y el de Carlos Julio Parra conocido en el lugar como “don Charlie” son los preferidos por los pocos asistentes a este lugar. Con mucho esfuerzo estos vendedores llegan desde temprano para atender con el mayor de los gustos a quienes se dejan seducir por el olor a aceite y carne asada. Con mucho optimismo esperan que vuelvan aquellas generaciones que por culpa de violencia se alejaron del estadio. Doña Rosalba invita a las personas a que: “Tomen la iniciativa como antes cuando se vivía el fútbol en paz y vuelvan a consumir las comidas típicas”.

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