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El hombre detrás de la sonrisa del Guasón

Si usted se ha encontrado en Bogotá con la sonrisa del Guasón en la cara de Petro, Uribe o Santos, seguramente se preguntará quién está detrás de tan curiosos grafitis. Su nombre es Emerson Cáceres, artísticamente conocido como Cacerolo, un apasionado pintor bogotano y publicista de profesión que, con cada obra, desata la intriga y curiosidad de quien aprecia su trabajo.

Por Jhon Mahecha, Paula Méndez, Sebastián Poveda

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Estuvimos en su estudio, ubicado a las afueras de la ciudad y a unos cuantos metros de su casa donde vive con su esposa Sara y sus mascotas, Macarena y Juanita. Él diseñó su taller y hay que decir que es un espacio digno de un artista. Algunas de sus obras están allí: su adorado Dalí, que fue el primer Guasón que pintó, un pato Donald y un Osama Bin Laden observando los pasos de quienes visitan su taller. En el segundo piso del estudio hay dos sillones y unos cojines, junto con un óleo, un computador, música, pinceles y una paleta.

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Emerson nació en 1978, y desde entonces conoce de cerca lo que es hacer  arte. Al recordar cómo cultivó su gusto, nos cuenta que su madre estudió artes, así que  gracias a ella fue que creció entre pinturas, carboncillos, óleos, pasteles y todo tipo de materiales. Ella quería que uno de sus cinco hijos desarrollara la habilidad artística. “Era muy curioso, pues uno de niño esperaba salir, jugar con los amigos en el conjunto, y me acuerdo mucho que mi mamá me frenaba: “no señor, no me sale” y me ponía una hoja de papel y me decía: “si me hace esto en esta hojita y le queda bien sale.”Y claro yo con el afán de salir, lo pintaba” recuerda Cacerolo con aire nostálgico.

Con el tiempo empezó a dejar el fútbol y las salidas con los amigos a un lado para quedarse en casa pintando y creando cómics. En su colegio se destacaba por tener más dibujos que apuntes en sus cuadernos y además aprovechaba su talento para conquistar a las niñas con los clásicos de Disney. No estudió artes, aunque lo quiso. Al final se inclinó por la publicidad. Es egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y se destacó tanto que lo exoneraron de cursar quinto semestre y le dieron trabajo en el departamento de actividades culturales de la universidad, mientras continuaba sus estudios en la noche.

¿Cuándo entró de lleno al arte?

E: “A mí siempre me decían que a los artistas no los toman en serio cuando son jóvenes, sólo después de cierta edad. Y yo decía eso es cierto y tenía algunos espejos. Al verlos yo pensaba en seguir con mi carrera, con la publicidad. Pero necesitaba retomar la pintura. Así fue como cree este espacio, mi estudio. Aquí empecé a interesarme por la pintura clásica, porque yo veía que los jóvenes hacen unas cosas digitales, las imprimen sobre lienzo, le agregan unas pinceladas y ya, la venden. Sentía que se estaban perdiendo lo artesano, la gente que hace manualidades, y me dije si yo retomo tengo que hacerlo así, mirando técnicas, como la de claroscuro y empecé a hacerlo muy alejado de las cosas digitales”.

Y es así como con un marcado estilo romántico y clásico de la pintura, Emerson empezó solo, en su estudio, a pintar con oleo. Entre trazos y paciencia, entre el blanco y el negro, comenzó a explorar el cuerpo humano, enfocándose en la parte más expresiva: el rostro. Como muchos le comentaban, los grandes maestros de la pintura han sido los retratistas; por ello sus grandes influencias para este tipo de pintura son Velázquez, Rembrandt y más actual, y a quien por cierto buscó por Nueva York para poder conocerlo y nunca encontró, Chuck Close. Sin embargo, podríamos decir que su mayor inspiración fue el gran maestro del surrealismo, Dalí.

¿De dónde y cómo nació el Guasón?

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E: Por ese tiempo yo estaba pintando a Dalí y leía un libro del cual llegué a la conclusión de que todos somos villanos, que alguna vez hemos hecho algo malo. Lo que yo quería era reflejar la maldad de todos, y pensaba ¿cómo?, ¿Cómo hago maldad? Y un sábado me acosté a la una de la mañana. Como a las cuatro y media me desperté y dije ¡claro, el Guasón! Influenciado claramente por el cómic. Luego veía el cuadro y decía si le hago el Guasón, me lo tiro. ¿Lo hago o no lo hago? Y empecé con el cabello verde, suavecito con cariño. Luego me pasó algo. Por ese tiempo yo estaba solo, mi esposa se había ido, entonces al sentir ese vacío decidí pintarle al retrato un mechón rojo en honor a ella. Cuando ya  lo vi me decidí a hacer la sonrisa del guasón. Y salió como la hago siempre, a lo que caiga y me gustó.”

De esta manera fue como la sonrisa del Guasón se convirtió en la firma y marca que identificaría en cualquier lugar a Emerson como Cacerolo y la que convertiría a ese Dalí en una de sus obras favoritas.  Más adelante agregó otras cosas, como la mirada de bondad, de arrepentimiento, de melancolía y de esperanza, pues le hicieron ver que no sólo el ser humano es maldadoso sino que existen otras emociones que en el rostro se pueden expresar, en especial en los ojos, pues son el espejo del alma.

¿Por qué llevar las obras del Guasón a la calle?

E: Yo pinto en la calle porque me parece necesario. ¿Por qué? Porque en el arte hay mucha trampa, hay mucho artista que imprime lo que hace y trabaja bien en su estudio, pero a la hora de hacerlo en otro lado no son capaces. Yo lo que quiero mostrar es esa universalidad que uno puede tener. Por ejemplo, yo lo que hago es comprar vinilo negro, vinilo blanco y un poquito de rojo, pinceles, rodillo y una brocha, y ya. Con eso arranco. Los demás trabajan con más elaborado como el stencil, una técnica en la que a través de una plantilla se dibujan figuras y formas. Personalmente me gusta que la gente vea el trabajo, la elaboración del mural.”

Los vecinos ayudan a Emerson en su trabajo. Le dan su juguito, se toman fotos y lo aconsejan. Disfruta más el desarrollo creativo, la elaboración de una obra en sí misma, más que verla ya en la exposición, y por eso el arte callejero se lo goza.

¿Cuál fue el primer graffiti que hizo?

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E: El primer mural que hice fue el de ‘Paz con justicia social’ en marzo del año pasado y me tomé tres días. Para este mural al primero que pinté fue a Santos, luego a Uribe. Antes de empezar, yo pedí permiso, siempre lo hago porque no me gusta trabajar si la gente no lo quiere; y este lo hice en una pared de la casa de mi papá que queda sobre la Suba. Ahí hablé con un vecino y le dije:

-Yo quiero pintar aquí

Él me preguntó:

-¿Qué va a pintar?

Le mostré y le dije:

-Mire, esto.

Al viejito le encantó. Ya teniendo el permiso de ellos, empecé a pintar mientras participaba e interactuaba con la gente. Los vecinos me decían que hiciera algo bonito, porque la zona es insegura, “hay muchos indigentes, se orinan, haga algo que valga la pena”. Cuando terminé a Santos vi que la gente paraba, tomaba fotos. ¡Me ofrecieron hasta trabajos! El lugar se volvió más seguro, y siempre me decían ¡gracias!”

Para él este grafiti tuvo gran impacto, gustó mucho y generaba un sinfín de comentarios de la gente que pasaba y lo observaba. Sin embargo, este fue víctima de la censura, fue tachado tiempo después. Lo primero que taparon fue el retrato de Álvaro Uribe, coincidencialmente un 4 de julio, fecha en la que el expresidente cumple años. Tiempo después taparon a Santos. Emerson era consciente de que tarde o temprano su trabajo sería tachado, pues los muros son de todos y en cualquier momento otro artista lo utilizaría para mostrar su obra, aunque en ‘Paz con justicia social’ se alcanzó a ver el tono oscuro de la censura política de este país.

Su marca ha trascendido tanto en redes sociales, en marchas y protestas, y en exposiciones de arte en Estados Unidos. Su invitación es que los nuevos retratistas dejen de reproducir y encuentren una marca, un algo que los caracterice, que la gente  al ver el retrato diga ¡ah, es tal!

En medio de censuras y críticas seguirá haciendo arte, tratando de salirse de lo común e impregnando paredes de lienzos que dejen ver el rojo del claroscuro de Cacerolo. Seguramente nos encontraremos con su trabajo adornando las calles de Bogotá, de Colombia y del mundo. Próximamente estará en España pintando al  Rey Felipe VI, así que aquella sonrisa, la malvada, la que lo representa en su arte, seguirá dando de qué hablar.

También quiere pintar a Débora Arango, aquel personaje revolucionario del arte colombiano, y en medio de todo lo quiere hacer porque según él “el arte es muy machista y yo creo que las mujeres tienen un papel muy importante en el arte. Principalmente porque de las artistas colombianas que yo más aprecio, o la que más admiro es  Débora.”

Ahora, cada vez que usted se encuentre con la representativa sonrisa del Guasón sabrá que Emerson o Cacerolo estuvo ahí disfrutando de la verdadera esencia del arte.

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